Cuando tu mente está fuera de equilibrio es cuando más necesitas meditar: una perspectiva budista

Todos pasamos por etapas en nuestras vidas cuando todo parece estar saliendo mal. También puede ser un día en particular cuando nada sale como lo planeaste. Puede ser difícil permanecer tranquilo y relajado cuando estamos en medio de este tipo de situaciones. Entonces, ¿qué deberíamos hacer?

Pues, si pensaste que iba a decir meditar, entonces estás en lo correcto. Claro que no siempre podemos simplemente dejar de hacer lo que estamos haciendo y meditar inmediatamente. Por ejemplo, cuando se nos fue el último bus, la vida continúa. Lo que quiero decir es que si no entrenamos nuestras mentes a ser resistentes, la vida siempre será más desafiante.

Y no se trata solamente de lo que sucede en el exterior sino lo que pasa en el interior también. ¿Cuántas veces has escuchado a las personas decir que no pueden meditar porque se sienten demasiado agitadas o no pueden dejar de pensar? ¿Cuántas veces pensaste o dijiste lo mismo?

No obstante, la verdad es que estos son los momentos en los que más necesitamos meditar.

Shamata y Consciencia Plena

Escuchamos bastante sobre la meditación de conciencia plena la cual enfatiza poner nuestra atención en lo que estemos haciendo en el momento. Por ende, esta práctica tiene un aspecto cognitivo: se trata más sobre observar lo que sucede en el momento en vez de tratar de tranquilizarnos.

Por otro lado, la meditación Shamata es una técnica que se enfoca en establecer tranquilidad a través del enfoque mental en un objeto– ya sea la respiración, el cuerpo o la mente. La práctica más común de Shamata es enfocarse en la respiración. Un punto interesante es que puedes fusionar Shamata y la conciencia plena, enfocándote así en la respiración para tranquilizar la mente y periódicamente verificar que tu enfoque no haya cambiado. De ser así, simplemente traes la atención de vuelta al objeto que elegiste.

¿Lo estoy haciendo bien?

El autor, investigador y ex monje budista, Alan Wallace, dice que si queremos saber si estamos meditando correctamente deberíamos considerar dos cosas: lo que la mente nos trae y lo que le traemos a la mente.

En un retiro en Brasil en el 2014 sobre Los Seis Bardos en la Esencia Vajra, dio una clara explicación sobre el tema:

“Durante la práctica muchos pensamientos aparecerán en tu mente, no hay manera de controlarlo o elegir que sea diferente, así que simplemente permanecerás ahí. No estás haciendo nada incorrecto, simplemente las cosas son así. Si te involucras con el pensamiento, entonces sí, te distrajiste, te agitaste.

En otras ocasiones tu mente estará muy tranquila sin muchos pensamientos; esto tampoco no significa que estés haciendo algo correcta o incorrectamente. Lo único que está sucediendo es que tu mente está tranquila. En este caso, la mente no te está trayendo mucho. Independientemente de cómo nuestra mente se comporte, lo que deberíamos traer a nuestra práctica es la capacidad de no permanecer estancados en un pensamiento y más bien permitir que nuestra conciencia descanse y que ilumine solamente el objeto de nuestra meditación: la respiración, la mente, el espacio de la mente, la concentración o la conciencia misma. Por lo tanto, es importante evaluar tu práctica en términos de lo que tú estás trayendo a la práctica y no lo que la mente te está trayendo a ti.

Esta distinción es muy importante. En nuestras vidas algunos días son peores que otros. A veces tendremos días locos y caóticos con mucho trabajo y muchas preocupaciones. En esos días la mente se sentirá perturbada y tu energía no estará equilibrada. Tratarás de sentarte y practicar y después de un par de minutos te darás por vencido. ‘¡Olvídalo! Hoy no es un buen día para meditar.’ Luego te levantarás y mirarás televisión o las redes sociales. Esto es similar a estar muy enfermo y pensar, ‘¡Bueno… Me siento tan enfermo! ¡De hecho estoy demasiado enfermo para tomar medicina! ¡La tomaré cuando me sienta un poco mejor!’

Cuando tu mente se sienta realmente confundida puedes acostarte en la cama con una almohada suave bajo la cabeza y puedes tratar de soltar toda la tensión en el cuerpo. Con cada exhalación, relájate totalmente y permite que el cuerpo respire en su estado natural sin hacer mucho esfuerzo. Relájate hasta el final de la respiración y en este momento deja que la mente se tranquilice… Luego inhala silenciosamente y sin esfuerzo. Repite este proceso por 24 minutos.

La mente que trajiste a la práctica puede estar totalmente perturbada, con muchos pensamientos, con lodo y piedras. ¡No hay manera de controlar esto! Es lo que tu mente está trayéndote en el momento. Trata de traer algo tan dulce, tan suave y tan relajante que después de 24 minutos tu mente se tranquilizará, estará más quieta y más equilibrada. Al final de la sesión observa si fue una buena sesión o no. Tal vez fue difícil en términos de lo que la mente te trajo– pero tal vez buena en términos de lo que tú trajiste a la mente.”

Ahora es tu turno de decirnos si conocías sobre la meditación Shamata o técnicas de respiración para tranquilizar la mente. ¿Tiene sentido para ti? Te invitamos a decirnos si esto funciona para ti y cómo.

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