No somos buenos consolando a los demás.

Traductora: Ruth Obando

Tenemos que aceptar la fea verdad. La mayoría de nosotros somos muy malos consolándonos los unos a los otros. Esto no es porque no nos importa el bienestar de los demás, más bien es porque la mayoría de nosotros no sabemos cómo efectivamente consolar a los demás.

Consolar a alguien que amamos

Cuando alguien que amamos está molesto, teniendo una crisis o sintiendo inmenso dolor, nuestra reacción es de generalmente tratar de levantarles el ánimo o decir algo que suena así “Todo estará bien.” Tal vez has estado en esta misma situación recientemente. Alguien que amas estaba teniendo problemas con algo y simplemente querías que se sintiera mejor, así que hiciste lo que pudiste para ofrecer soluciones o señalar los aspectos positivos de la situación. Empezaste a señalar las soluciones posibles al problema, o tal vez ordenaste su comida favorita, o la invitaste a salir para que olvidara sus preocupaciones. Tal vez dijiste algo así: ”Todo esto se solucionará por sí solo, no te preocupes, todo estará bien.”

Ahora piensa sobre un momento cuando estabas en la misma posición de aflicción. ¿Cuánto te ayudó el que alguien te dijera que no te preocuparas o que todo iba a estar bien? ¿Te sentiste mejor el día siguiente después de que tú y tu amigo hayan ido a comer toda una pizza, un balde de helado o una botella de vino? Probablemente no. Lo sé porque he estado en esa situación muchas veces. Me ha tomado tanto tiempo darme cuenta que estas acciones temporales para anestesiar el dolor, la preocupación y la ansiedad en realidad no son tan útiles, ni para nosotros ni para los demás. Esta revelación me vino durante una meditación de conciencia plena, y desde ese día he tratado de usar una forma diferente para confortar a mis seres queridos y a mí misma.

Practicar la compasión es más fácil dicho que hecho

Ciertamente no soy la persona más comprensiva en el mundo. Me he dado cuenta que de hecho es bastante difícil para mí de a veces salir de mi propio mundo pequeño lo suficiente para identificarme con el problema de los demás. Eso no significa que los demás no me importan. Lo que significa es que es un desafío para mí comprender lo que una persona necesita cuando está pasando por un momento difícil. Pienso que a veces todos tenemos dificultades tratando de descifrar la mejor forma para consolar a los demás. La mayoría del tiempo estamos considerando nuestras necesidades y nuestros sentimientos tanto que cuando miramos a alguien que necesita confort, nos congelamos, sin estar seguros de cuál es el paso adecuado. Es necesario hacer una pausa y comprometerse a tener empatía por la otra persona, temporalmente suspendiendo nuestros propios motivos, nuestras necesidades y nuestras emociones; más fácil dicho que hecho.

La primera vez que me di cuenta de esta debilidad en mi fue hace un par de años, cuando mi esposo y yo decidimos divorciarnos. Todavía lo amaba, y de repente me vi sola con un hijo de ocho años y una cadena de pensamientos deprimentes flotando en mi cabeza. Durante este tiempo, mis amigos vinieron a visitarme y todos me decían que todo iba a estar bien. Entre más me decían esto, más enojada me ponía. Escuchar esto no era útil. Se sentía como si mi experiencia actual estaba siendo desechada y apresurada. Sabía que todo iba estar bien, pero saberlo no me salvó de los sentimientos horribles del momento, ni tampoco me ayudó a sentirme mejor más rápido. Es que verás, cuando sentimos dolor, necesitamos tiempo y necesitamos que nuestras emociones y la situación sean vistas, no desechadas.

En aquella época, simplemente no podía detener los pensamientos y los sentimientos negativos que estaba experimentando. Encima de todo, lo que mis amigos estaban diciéndome me hacía sentir como si el dolor, el pánico y la miseria que sentía y guardaba a causa de mi matrimonio fracasado no tenían validez. Rápidamente me di cuenta de que no necesitaba a alguien que me acariciara la espalda, diciéndome “ya, ya” en una voz tranquilizante. Lo que necesitaba era compañía. Necesitaba alguien que estuviera a mi lado, en silencio y sin críticas, compartiendo el momento conmigo, compartiendo mis emociones y mi dolor. Necesitaba a alguien que escuchara conscientemente, que me aceptara con todo su corazón y su mente.

Esta experiencia me hizo observar la forma en que yo consuelo a los demás, y lo que vi rápidamente fue que necesitaba tener más compasión para entender mejor a las personas y lo que necesitaban. En aquel entonces, estaba meditando con Meditopia, pero todavía no había tenido la oportunidad de probar la serie de compasión que se encuentra en la aplicación. Había leído un par de artículos sobre el concepto de la compasión, sobre cómo tratar de entender mejor lo que la compasión pide de nosotros y ejercicios para practicar más compasión. Después de un tiempo, saqué mi teléfono y empecé a mirar el contenido de Meditopia para ver si había alguna serie que se enfocará en esta área.

¿Qué es la compasión y porque la necesitamos?

Los psicólogos definen la compasión como la habilidad de comprender el estado emocional de una persona que no sea uno mismo. Aunque esta definición no debería de ser confundida con la empatía. Cuando tenemos empatía por alguien, podemos ponernos en sus zapatos. Cuando mostramos compasión a alguien, podemos comprender cómo se sienten y darles lo que necesitan. Suena simple, pero de hecho es difícil hacerlo en nuestro mundo egocéntrico. Pero al igual que todas las cosas difíciles, es una práctica que viene con inmensas recompensas. Por ejemplo, de acuerdo a un estudio hecho por los investigadores James Fellow Ed Diener y James McKeen Cattell Fellow, las personas que se conectan con los demás a través de la compasión, de hecho, disfrutan de una mejor salud mental y física.

Hay varias razones para esto. Primero, de acuerdo a un estudio conducido por el Instituto Nacional de Tecnología, tener compasión para los demás estimula las áreas de placer del cerebro, lo que a su vez actúa contra el estrés. Esta es la razón por la cual comemos comida basura o nos vamos de compras cuando estamos estresados. Al tener compasión para los demás, estimulamos estas áreas de una forma saludable, reduciendo así el estrés que es dañino para nuestro sistema inmunológico.

Segundo, investigaciones anteriores han probado que la depresión y la ansiedad están vinculadas a un estado de auto enfoque. Sin embargo, la compasión hace que nos enfoquemos en los demás en vez de nosotros mismos. Cambiar nuestra perspectiva para enfocarnos en el bienestar y la experiencia de los demás puede ayudarnos a aliviar pensamientos egocéntricos y así prevenir pensamientos de depresión y ansiedad. Cambiar nuestro enfoque también nos da un sentimiento de propósito que estimula aún más los centros de placer del cerebro.

Tercero, mostrar compasión a los demás fortalece nuestra conexión con las personas. Tener conexiones fuertes y alentadoras con los demás fortalece nuestro sistema inmunológico, aumenta nuestra autoestima y el sentimiento de confianza. Además, un alto sentido de confianza motiva a los demás a confiar más en nosotros y así acercarnos. Esto crea un lazo de retroalimentación positiva que en general es bueno para nuestro bienestar mental y físico.

¿Cómo podemos mostrar más compasión y apoyo a nuestros seres queridos?

Aunque la compasión es un instinto que existe en todos, también es algo que necesita ser practicado constantemente. Aquí hay diferentes formas de hacerlo:

  • Mantente presente

¿Cómo podemos tener más compasión para alguien si no estamos en el momento con ellos? Para apoyar a las personas que amamos, tenemos que aprender a estar con ellos en el momento. La meditación nos enseña principalmente a tomar conciencia del momento en el cual estamos; de esta forma podemos usarlo para aprender a estar presentes para las personas que nos importan.

  • Escucha conscientemente

Sentir que una persona que amamos no está realmente escuchándonos es un sentimiento horrible, especialmente si nos están mostrando sus sentimientos. Escuchar conscientemente se trata sobre poner atención verdadera a lo que los demás están diciendo, mostrar interés y apoyo, y motivarlos a expresar sus pensamientos y sus sentimientos. Cuando tu mente divague o empieces a pensar sobre la respuesta que darás, toma una respiración profunda y regresa al momento.

  • Conéctate desde tu corazón

Cuando estamos con alguien, deberíamos de tratar de sentir y comprender por lo que están pasando. En otras palabras, deberíamos de tener empatía y compasión para ellos. Una forma de hacerlo es a través de la meditación. Ha sido científicamente comprobado que las meditaciones de “amor bondadoso” o las meditaciones de compasión nos ayudan a cultivar nuestro instinto de compasión.

  • Elimina las críticas

Es importante recordar de que no deberíamos de criticar a la persona enfrente de nosotros sin importar lo que esté sintiendo. Las críticas son lo contrario del apoyo, así que tenemos que recordar de ser una zona segura para la persona, una zona donde puede hablar sobre sus experiencias sin vergüenza.

  • Trata de comprender todos los aspectos de la situación de alguien

Otra cosa a tener en mente es de tratar y mirar más allá de nuestra propia perspectiva. Más bien, deberíamos de tratar de esforzarnos para mirar la situación desde la perspectiva de nuestro ser querido. Probablemente la persona enfrente de ti no es un desconocido. Has pasado un tiempo considerable y puedes usar tus observaciones y conocimiento sobre esta persona para imaginar como está abordando la situación y estar claros que no es nuestro trabajo decir si es correcto o no. La compasión y el apoyo nos piden que simplemente estemos con la persona en el momento sin importar como se esté sintiendo.

  • Habla claramente y cumple con tu palabra

Por último, debemos escoger nuestras palabras cuidadosamente. No deberíamos de recurrir a clichés insignificantes tales como “está bien” o “todo saldrá bien”. Más bien, deberíamos intentar de evaluar lo que la persona enfrente de nosotros necesita, o preguntarle qué es lo que necesita de nosotros. A veces las palabras no son necesarias, solamente alguien que escuche en silencio y con presencia.

Si la psicología nos dice algo, es que comprender a los demás y mostrarles compasión no es algo que pasa de la noche a la mañana. Las personas necesitan tiempo y una voluntad para aprender para poder llegar a ese punto. También necesitan las herramientas correctas que los puedan guiar en el viaje para practicar estas habilidades.

Así que la próxima vez que quieras confortar a un amigo o amiga, trata de considerar lo que acabas de leer y hacer tu mejor esfuerzo para aprender a escuchar atentamente, estar presente, enfocarte en sus necesidades y su experiencia, y conectarte desde el corazón. Pon tus críticas al lado y permanece ahí, ahí en ese momento, con tu ser querido.

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