Cambiando nuestra visión del fracaso

No eres la única persona que experimenta fracaso, pero la forma en que lo percibes determina cómo te afecta. Aquí te damos unos cuantos consejos sobre cómo puedes cambiar tu visión del fracaso.

El fracaso: el mejor sabor que existe

¿Cómo defines el fracaso? Así es como la estrella de baloncesto de renombre mundial Michael Jordan lo define: “He fallado en más de 9000 tiros en mi carrera, he perdido 300 juegos, se me ha encomendado el punto de partida 26 veces y he fallado en todos. He fallado una y otra y otra vez y por eso es que tuve éxito.” Si Jordan se hubiera reprochado después de cada tiro perdido y si se hubiera enfocado en sus fracasos, ¿se habría convertido en el atleta más famoso que es hoy en día? Fracasar no es el fin. Todo lo contrario, cada fracaso es una parada que hacemos en el camino hacia el éxito, también es una oportunidad que podemos tomar para observarnos a nosotros mismos.

Estamos bajo increíble presión para ser exitosos y llenar ciertos requisitos desde el momento que nacemos. Es una presión que nuestra familia, nuestros amigos y la sociedad nos imponen, muchas veces sin darse cuenta. Crecemos buscando la atención y la aprobación de los adultos y con el tiempo equiparamos aprobación y elogios con éxito. Pero, ¿qué es lo que eso significa exactamente? ¿Cómo podemos medir el éxito?

La definición de éxito generalmente cambia de comunidad a comunidad y hasta de persona a persona según sus valores, expectativas y criterios. Las personas que son consideradas exitosas se pasean delante de nosotros en las noticias y las redes sociales, inculcando así en nuestro consciente y subconsciente las reglas y los estándares del éxito. Después nos encontramos perdiendo batallas en las cuales ni siquiera queríamos participar. Piénsalo por un momento, ¿alguna vez has entrado en conflicto contigo sobre lo que piensas que significa ser exitoso versus lo que los demás consideran ser exitoso? De ser así, esto podría ser a causa de un conflicto entre lo que realmente quieres y lo que piensas que quieres.

En este caso, esta es la pregunta más importante que necesitas hacerte: ¿cuáles son tus criterios del éxito y cómo lo mides? ¿En qué momentos te sientes exitoso y cuando sientes que has fracasado? ¿Son el éxito y el fracaso opuestos o son dos maneras diferentes de mirar un conjunto de circunstancias?

Es importante darnos el tiempo para responder estas preguntas y reestructurar nuestra relación con el fracaso porque cada uno de nosotros define el fracaso de una forma diferente. ¿Cuáles son algunas de nuestras nociones preconcebidas en cuanto al fracaso? Echémos un vistazo.

La perfección es una gran mentira

Si eres perfeccionista tal vez piensas que necesitas “tener éxito” en lo que sea que hagas por primera vez. La perfección es tan importante para ti que hacer una pausa, darte un descanso, intentar algo de nuevo o hasta pedir ayuda puede ser un fracaso pequeño para ti. Aquí está el problema con esta lógica: la perfección no existe. De hecho, es una gran mentira. Es físicamente imposible para cualquier ser viviente, situación u objeto de ser “perfecto” o constantemente desempeñarse “a la perfección”. Una vez que aceptas este hecho y te das cuenta que sólo puedes hacer algo lo mejor posible según tus habilidades en el momento, la connotación negativa del fracaso empezará a convertirse en un empujoncito que la vida te está dando para que intentes de nuevo.

Fracasar no es el fin. Todo lo contrario, cada fracaso es una parada que hacemos en el camino hacia el éxito, también es una oportunidad que podemos tomar para observarnos a nosotros mismos.

El fracaso te recuerda que disfrutes el viaje.

El fracaso puede servir para recordarte que estás aprendiendo, creciendo, cambiando y evolucionando. Cuando nos enfocamos solamente en “tener éxito,” es posible que no veamos todo lo que estamos experimentando y aprendiendo en el camino. Es como la visión de túnel donde sólo puedes ver el punto final y no te detienes para disfrutar la vista. No debería ser así con el fracaso. Cuando fracasas, se te está dando una oportunidad para hacer una pausa, mirar a tu alrededor y mirar el camino y las decisiones que has tomado. Nos obliga a ser más conscientes de nosotros mismos e internalizar lecciones, valores y observaciones que después podemos tomar con nosotros al seguir yendo adelante. De cierta forma, el fracaso puede ser una puerta hacia nuestras más grandes revelaciones si lo miramos de esa manera.

El fracaso puede ser hermoso

Cuando empezamos a cambiar nuestra visión del fracaso, nos damos cuenta de la gran oportunidad que nos ofrece. Seguro que es fácil mirar el pasado y sonreírle a nuestros fracasos una vez que finalmente hemos tenido éxito o hemos alcanzado nuestro objetivo. ¿Pero puedes sonreírle a tu fracaso en el momento que lo experimentas? No sugiero que saltemos de alegría cuando hemos fracasado, pero podemos practicar gratitud, paciencia y compasión con nosotros mismos cuando hemos fallado. Al hacer esto, tal vez encontraremos pequeñas dosis de alegría al entrar en contacto con nuestro sentido de resiliencia y reconocer lo que hemos aprendido y de lo que somos capaces.

Disfrutar el viaje no sólo significa disfrutar las partes positivas del camino, también puede significar disfrutar todo el viaje, incluyendo las partes dolorosas. El fracaso puede forzarte a enfocarte en el camino por el que vas. De esta forma, en vez de pensar que te diriges hacia un desastre, puedes hacer una evaluación y mirar que estás bien. En esos casos, no importa que has fracasado; no has llegado al final de tu viaje y el camino continuará. Todo lo que necesitas hacer es levantar la cabeza, mirar hacia adelante y seguir.

El fracaso añade sabor

Piensa sobre los discursos más inspiradores que has escuchado. ¿Qué los hace tan atractivos y convincentes? El fracaso. El fracaso es un sabor apreciado porque es un indicador de tantos valores que admiramos. Enfrentar el fracaso y continuar requiere valentía, resiliencia, vulnerabilidad, sabiduría y autoconocimiento. Eso también se aplica a ti.

Si tienes éxito en lograr un objetivo con esfuerzo mínimo, sin obstáculos, desafíos o dolor, una vez que hayas obtenido lo que buscabas casi se sentirá surrealista, desalentador y sin gusto. Ya sea a causa de nuestro ego o simplemente nuestra naturaleza, se siente más gratificante y satisfactorio cuando miras el pasado y miras cuánto has superado para llegar donde estás. Si la vida fuese un plato delicioso que estamos comiendo, el fracaso es esa especia o salsa extra especial que le da más sabor a la experiencia de comer. El fracaso puede convertir la experiencia que estás teniendo en algo más precioso y memorable.

Todavía estás aprendiendo

Si eres perfeccionista o aceptas la derrota el momento en que te caes, por favor pon atención: el fracaso es el mejor profesor que podemos tener. Como un viejo proverbio dice: “Un ejemplo es mejor que la regla.” Si has cometido un error, siempre puedes aprender de el y usar lo que aprendiste en el camino hacia el éxito. ¿Quién sabe? Si no hubieras fallado, tal vez no habrías aprendido algo que te será invaluable en el camino.

Entrenando al ego para aceptar el fracaso

El fracaso también nos puede recordar que hay vida afuera de nosotros mismos. Nos puede hacer ver que no siempre podemos tener lo que queremos cuando lo queremos. Esto no es malo: simplemente es una lección diferente que el fracaso nos enseña o más bien que se le enseña a nuestro ego: “No eres la única persona con deseos y objetivos. También hay otras personas que quieren tener éxito.” El fracaso puede ayudarte a reexaminarte y también a observar la vida de los demás.

El fracaso te ayuda a recordar quien está a cargo.

El hecho de que haya vida fuera de la tuya, o sea, que no estás en el centro del universo, no significa que no tienes el control. Tienes el poder de determinar tu propio camino, aún si a tu ego se le está dando una paliza a la misma vez. Estás en el asiento del conductor de tu propia vida. Tú decides qué camino quieres tomar sin importar lo que pase. Cualquier fracaso que experimentes en el camino puede ayudarte a ver que deberías cambiar de dirección. Tal vez hasta te haga ver que te has lanzado al mundo prematuramente y por ende necesitas regresar. Y recuerda, hay una gran diferencia entre alejarte de algo por tu propia voluntad y darte por vencido porque te sientes inseguro. El fracaso puede hacerte ver que el objetivo que te has puesto no es para ti o no fue propuesto por ti. El fracaso nos da la oportunidad de descubrir otros caminos que podemos tomar, otros objetivos que nos podemos fijar y maneras para comenzar de nuevo. Lo que importa aquí es tu actitud y tu punto de vista porque estas son las cosas que se convertirán en tu profesor y te abrirán nuevas puertas en el futuro.

Y ahora hablemos de tu perspectiva. ¿Estás de acuerdo o en desacuerdo con los puntos expuestos en este artículo? En tu opinión, ¿cuáles son algunos de los aspectos más positivos que el fracaso nos ofrece? ¿Siempre has mirado el fracaso como una oportunidad para aprender o es algo en lo que todavía estás trabajando?

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