Expectativas y estándares en las relaciones

Todos tenemos estándares para nosotros y para las personas a nuestro alrededor. Así como “la regla de oro” que dice “trata a los demás como te gustaría que te traten,” nuestros estándares determinan cómo actuamos cuando estamos a solas al igual que como nos comportamos con los demás. Los estándares son una guía para nuestras relaciones, pero a veces, confundimos los estándares con las expectativas. Cuando nuestras expectativas -con frecuencia silenciosas- no son satisfechas, nos sentimos decepcionados, molestos o hasta enojados. Esto a su vez puede dañar nuestras relaciones. Entonces, ¿cómo podemos diferenciar las expectativas de los estándares y por qué es importante entender la diferencia?

Diferencia entre expectativas y estándares

Las expectativas y los estándares son dos cosas muy diferentes. Las expectativas son ideas que tenemos cuando queremos que ciertas situaciones o personas terminen siendo lo que queramos que sean. Sin embargo, los estándares son un nivel de calidad que nos fijamos y que sirven como base para un buen criterio. Para decirlo de forma más simple, las expectativas son ficciones que podrían o no ser realizadas. Los estándares son hechos con los que vivimos. Si esperamos que nuestra pareja siempre nos salude con un ramo de rosas y una sonrisa después del trabajo, esto es una expectativa; es un sueño que creamos en nuestras mentes y que queremos que suceda pero que también a su vez podría no ocurrir. Considera lo siguiente: ¿qué tan probable es que tu pareja siempre tenga energía para comprarte flores después del trabajo? ¿Qué tan probable es que siempre tenga un día fantástico en el trabajo y que pueda saludarte con una sonrisa? ¿Qué tan probable es que te olvides de esto y te molestes cuando la realidad no encaje con tus expectativas?

No obstante, si esperamos que nuestra pareja sea generalmente afectuosa con nosotros pero lo suficientemente comunicativa para decirnos cuando ha tenido un mal día en el trabajo, esto es un estándar. En este caso no esperamos nada definitivo. Esperamos un cierto estándar de comportamiento: afecto y honestidad respetuosa. Imagínate si tu pareja, la cual es generalmente afectuosa, llegara a casa luciendo molesta, y no hablara sobre ello. ¿Cómo reaccionarías? ¿Te ofenderías? ¿Lo tomarías personal o pensarías que hiciste algo mal? Si esto fuera a ocurrir, entonces naturalmente te sentirías molesto. Pero si te fueras a molestar, no sería porque tu pareja no satisfizo tus expectativas. Sería porque no satisfizo los estándares de conducta que tienes y por consiguiente posiblemente hiriéndote a ti o tu relación.

Es importante que tengas estándares. Son nuestros estándares los que determinan cómo nos tratan los demás. Cuando nos ponemos estándares, decimos a los demás que nos respetamos, que tenemos una autoestima alta y que sabemos lo que queremos. Al mostrarle esto a las personas, los invitamos a tratarnos con el respeto que merecemos. Tener grandes expectativas de nosotros o de los demás es el opuesto de esto. En ocasiones creamos expectativas grandes porque sentimos que no tenemos ningún control pero estamos tratando de sentir como si lo tuviéramos. También es posible que fijemos estándares grandes porque de cierta forma nos sentimos inseguros y estamos tratando de compensar por ello. El caso que mencionamos anteriormente es un ejemplo excelente de esto.

“¿Puedo vivir con esto?”

Diferenciar los estándares de las expectativas no siempre es fácil. Esto es especialmente verdad en aquellos momentos cuando ni nuestras expectativas ni nuestros estándares son satisfechos. En estas ocasiones, podemos sentir una gran gama de emociones: enojo, dolor, decepción… Estas son emociones fuertes que pueden nublar nuestro juicio y definir nuestras reacciones. Cuando dejamos que esto ocurra, podríamos arremeter contra nuestra pareja, gritarle o hasta empezar una pelea, lo cual no es constructivo para nuestra relación. A causa de esto, es importante dar marcha atrás cuando nos encontramos con esta ola de emociones. Recuerda: cuando enfrentas un obstáculo, ¿Cómo lo superas? ¿Te precipitas en la situación, actúas con enojo o pánico? ¿O enfrentas el problema de forma tranquila y sin apresurarte?

Es probable que resuelvas un problema mejor cuando estás calmado y sereno. Digamos que tu pareja hizo algo que no satisfizo tus estándares ni tus expectativas. En vez de tomar esto como un llamado a las armas, toma una respiración profunda y da marcha atrás. Toma una respiración profunda y calmada y enfócate en la circulación de aire a tu alrededor. Si es necesario, sal del cuarto para darte espacio físico. Cálmate, siéntate cómodamente y simplemente observa tus emociones. ¿Sientes enojo? ¿Pánico? ¿Decepción? ¿Miedo? Trata de entender por qué te sientes de esta forma. ¿Es porque tu pareja dejó los platos en el lavabo a pesar de que anteriormente le pediste muchas veces que no lo hiciera? ¿O es algo más profundo? ¿Tal vez sientes que has sido irrespetado o irrespetada a causa de la conducta de tu pareja? ¿O sientes que se te ignora?

Observar tus emociones y reacciones y después cuestionarlas puede ayudarte a llegar al fondo de lo que alimenta estos sentimientos. Puede ser difícil, pero una forma excelente de hacer esto es preguntarte lo siguiente: “¿Esto me está ayudando?” ¿Te ayuda esta emoción que experimentas o la reacción que estás teniendo? En otras palabras, esta emoción o reacción ¿te ayuda o te hiere? ¿Está atendiendo tus necesidades como individuo o es un obstáculo? Cuestionar esto puede ayudarte a soltar lo que necesitas soltar y reconocer lo que no necesitas dejar ir. Una vez que lo hagas, puedes decidir en un ambiente calmado y racional: ¿puedes vivir con la conducta que tu pareja exhibe?

¿Puedo vivir con ello?

Las relaciones se tratan sobre hacer compromisos. Ambos lados tienen que hacer ajustes. No obstante, hay cosas que rompen el acuerdo. Algo o alguien que no satisface nuestras expectativas no es necesariamente algo o alguien que rompe el acuerdo, pero algo o alguien que no satisface nuestros estándares puede serlo.

Regresemos al ejemplo de los platos sucios. Si tu pareja continúa dejando platos sucios en el lavabo a pesar de que repetidamente le pediste que no lo hiciera, en vez de arremeter contra tu pareja, sales del cuarto para hacer una meditación en silencio. Te has calmado y has llegado a la raíz de tu emoción. Ahora sabes, o estás empezando a saber, por qué te sientes de esta forma sobre esta situación. Ahora, pregúntate lo siguiente: ¿puedo vivir con esto? ¿Tener platos sucios en el lavabo es algo que rompe el acuerdo para ti? Tal vez no. Tal vez sea irritante, pero puedes vivir con ello. Tal vez rompe el acuerdo, entonces los platos necesitan ser absolutamente lavados. Tal vez no son los platos los que rompen el acuerdo. Tal vez sientes como si no se te escucha, y eso es lo que rompe el acuerdo.

Preguntarte si puedes vivir con ello es una forma perfecta para decidir lo que es un estándar y lo que es una expectativa. Si puedes vivir con algo, es probable que no sea un estándar — simplemente una expectativa. Si no puedes vivir con ello, entonces es un estándar que necesita ser satisfecho.

En cuanto a estar en una relación se refiere, ¿conoces la diferencia entre los estándares y las expectativas que tienes de tu pareja? Aunque esto pueda ser un límite difuso, es una distinción tan importante y al final puede tener un impacto a largo plazo en la salud de tus relaciones. En el artículo de hoy trazaremos esta línea fina y le damos la bienvenida a tus pensamientos y comentarios.

Comunicación, comunicación, comunicación

Te has sentado y meditado sobre el problema en cuestión. Te has dado cuenta que el problema es porque la conducta de alguien no satisface tus estándares. ¿Eso significa que te alejas de la relación en ese mismo instante? No necesariamente. Es decir, siempre y cuando no haya un problema serio – como abuso o violencia doméstica – entonces alejarse no es necesariamente tu primera opción, sino más bien lo que necesitas hacer es comunicarte.

Generalmente las relaciones están construidas en dos cosas: confianza y comunicación. Cada persona se comporta y piensa de acuerdo a su propio conjunto de creencias y estándares. Si algo en tu relación no satisface tus estándares, entonces es crucial que lo hables con tu pareja. Cuando te comunicas porque algo es importante para ti, deja de ser una tarea o una nota a recordarle a tu pareja. Deja de ser “tengo que lavar los platos porque a mi pareja no le gusta cuando no lo hago,” y en vez se convierte en “tengo que lavar los platos porque al no hacerlo después de que se me ha pedido, hace sentir a mi pareja como si no la escucho. No quiero hacerla sentir de esa manera.”

Al tener esta conversación es importante recordar que hay una forma correcta de comunicarse y también una incorrecta. La forma incorrecta de tener esta conversación sería culpar en vez de explicar. Sería simplemente decir “X no está funcionando para mí” y dejarlo así. Esto no ayudará a resolver el problema en cuestión. Tal vez hará que las cosas empeoren porque nuestra pareja tal vez se sentirá como si la estuviéramos atacando y eso a su vez podría conllevar a una pelea.

Por otro lado, la forma correcta para comunicarse es al alejarse de la culpa. Es explicar una situación de forma cortés y comprensible sin regañar o reprender. Tal vez es hasta ofrecer alternativas o un punto intermedio. Por ejemplo, podría ser decir “los platos sucios en el lavabo realmente me molestan. ¿Puedes ponerlos en el lavaplatos si no los quieres lavar?” Una vez que te comuniques con tu pareja, siempre puedes preguntarte: ¿puedo vivir con esto?

Traducido por: Ruth Obando

Deja un comentario