Deseo de Conexión

Traductora: Ruth Obando

Albert Camus una vez dijo que, “para entender el mundo, uno tiene que alejarse de el en ocasiones.” Lo que uno puede entender de esto es que la soledad nos da el espacio que necesitamos para contemplar el mundo que experimentamos. Es nuestro momento privado para repasar el día, así como nuestras reacciones. Nuestras emociones, pensamientos, preocupaciones, deseos… todo se pone más claro cuando lo analizamos en nuestra propia luz. Y aún así, la mayoría de nosotros pensamos que estar a solas es sinónimo de sentirse solo y por lo tanto miserable. Estudios recientes afirman que tres de cuatro personas sufren de “soledad.” Países alrededor del mundo han declarado que hay una epidemia de soledad, aunque ese no es necesariamente el caso. De hecho, lo que sufrimos tal vez no es soledad, tal vez es nuestra incapacidad de entender y aceptar la soledad y por ende a nosotros mismos.

Huyendo de nosotros mismos para escapar la soledad

Si lo definimos simplemente, la soledad es el deseo de tener una conexión humana. Es la incapacidad de formar una verdadera conexión con los demás aún cuando estamos rodeado de personas, y del mismo modo, no poder conectarnos con nosotros mismos cuando estamos a solas. Esto nos puede dejar con el sentimiento de sentirnos solos, por ejemplo, cuando estamos a solas en casa o en la calle, a pesar de estar con nosotros mismos o estar rodeados por los demás. Nos hemos desconectado tanto que pensamos que estamos solos cuando no tenemos a nadie más con quien hablar, excepto nosotros. La escritora Hannah Arendt dijo que una de las conexiones más positivas que podemos formar es con nosotros mismos cuando estamos a solas: “Pensar, existencialmente hablando, es un asunto solitario pero no de aislamiento; la soledad es esa situación humana en la cual me doy compañía.”

Al conversar con nosotros mismos, podemos explorar nuestro mundo interior y entender quiénes somos como personas. Muchos de nosotros vivimos una vida en que cuando regresamos del trabajo o la escuela, nos sentimos como si estuviéramos sumergiéndonos en el aislamiento. Durante el día nos movemos de un lugar a otro, con una lista a mano de quehaceres sin fin. Casi no tenemos tiempo de decir hola a las personas a nuestro alrededor ni mucho menos de tener una conversación adecuada. En la noche llegamos a casa, tal vez hacemos la cena, encendemos la televisión, entramos a Facebook o Twitter para chatear con las personas y confundimos esto como interacción social. Usamos estas distracciones como un escape de la soledad. Nos permiten escapar de nuestros propios pensamientos y emociones. Huimos de nosotros mismos y lo peor es que no nos damos cuenta. Con rapidez nos acostumbramos a esto tanto que en nuestras mentes estar a solas se convierte en sinónimo de sentirse solo.

Formas vacías de conexión humana

De manera alternativa, tal vez salimos en la noche, cenamos o tomamos unas cuantas bebidas con algunos amigos. Pero considera la substancia de la mayoría de esas conversaciones. A menudo, podemos pasar horas con las personas y nunca intercambiar nada excepto conversaciones superficiales y chistes. Esto no es una crítica- – – todos lo hacemos con frecuencia. Esto es un llamado a tomar conciencia de que estas conversaciones ligeras nos pueden dejar con sentimientos de desconexión y soledad. Raramente compartimos lo que realmente está pasando en nuestras mentes y nuestros corazones. No investigamos la ansiedad o el dolor que estamos sintiendo, ni las luchas y los desafíos que estamos enfrentando. Si lo hacemos, a menudo nos encontramos con una sonrisa cordial y un “ya, ya” o “tómate un trago.”

En nuestras mentes interpretamos esto como ser social, cuando en realidad no estamos formando una conexión real humana. Así como decimos que amarnos a nosotros mismos antes de poder realmente amar a alguien más, primero debemos aprender a sentirnos cómodos y aceptar pasar tiempo con nosotros mismos antes de buscar remedios para nuestra soledad a través de la compañía o las distracciones.

Si queremos formar conexiones auténticas y si queremos eliminar nuestra soledad e inquietud, entonces primero debemos cambiar nuestra relación y comprensión de “la soledad.” Debemos re definir qué es lo que significa para nosotros estar a solas así como nuestra relación con nosotros mismos. Solamente de esta manera podemos empezar a formar conexiones verdaderas con los demás.

La conexión humana como una necesidad innata y un mecanismo de supervivencia

A veces todos experimentamos emociones difíciles: enojo, miedo, soledad… Estas emociones son vestigios de los mecanismos de supervivencia que nos mantuvieron vivos durante la Edad de Piedra. Sentimos miedo porque nos permitió escapar de algún peligro. Sentimos enojo por que nos impulsa a luchar contra un enemigo. La soledad funciona casi de la misma manera.

Considera lo siguiente: ¿Por qué podemos sentirnos solos? ¿Por qué tenemos la necesidad de conectarnos con los demás? Los humanos sobrevivieron por cientos de años al juntarse. Para citar a Game of Thrones: “Cuando el invierno llega, el lobo solitario muere pero la manada sobrevive.” Para sobrevivir el invierno y otras situaciones difíciles, necesitamos a los demás. Necesitamos una tribu, familia, amigos… En el pasado los humanos solían vivir en tribus de 150 a 200 personas. Todos en la tribu se conocían y se apoyaban porque necesitaban y dependían de los demás. Tenían conversaciones con substancia porque las efímeras nunca les servía. Compartían información, experiencias, pensamientos, sentimientos… Lo que sabían lo impartían a las generaciones que venían después de ellos… motivados por sus necesidades, formaban comunidades y relaciones verdaderas. ¿Entonces qué pasó entre esa época y ahora?

Todavía tenemos una necesidad innata de conectarnos. Cuando nos hace falta esa conexión con los demás, empezamos a sentirnos solos. Pero imagínate si no pudiéramos sentirnos solos. Imagínate que la soledad no existiera. Si ese fuera el caso, ¿sentirías la necesidad o el deseo de salir de tu casa y ver a otras personas? ¿Buscarías amistades o relaciones? Por supuesto que no. Entonces, de forma extraña la soledad nos empuja a levantarnos, alejarnos de la televisión y buscar conexión humana. Nuestra habilidad de sentirnos solos es hasta cierto punto la razón por la cual tenemos familia, vidas románticas y amistades. Eso si, siempre y cuando podamos definir adecuadamente lo que es la soledad y nuestra relación con ella.

La conexión es una cuestión de confianza

Las personas que verdaderamente sufren de soledad generalmente tienen una cosa en común: tienen problemas de confianza. Formar conexiones reales con otras personas requiere de confianza. Tienes que confiarle a esa persona tus sentimientos, opiniones, deseos, preocupaciones y más. Tienes que tomar riesgos calculados para determinar si puedes ser vulnerable o no con esta persona. A veces nuestro riesgo compensa, a veces no.

La cuestión es que a veces saldrás herido y a veces tu confianza será traicionada. Un amigo romperá tu confianza. Alguien que amas te romperá el corazón. Alguien que te importa se distanciará de ti. Pero aún así, si queremos conexiones duraderas, y si no queremos sufrir de soledad verdadera entonces necesitamos arriesgarnos una y otra vez. No podemos vivir la vida encerrados en nuestras casas, sin salir excepto para escribir un comentario en la publicación de alguien en Instagram. Tenemos que compartirnos con los demás y aceptar el riesgo.

Si tenemos suerte – Y la mayoría de nosotros tenemos más suerte de lo que pensamos – formaremos vínculos con las personas que apreciarán la confianza que tenemos en ellos y no solamente eso, sino que también será recíproco. O sea, también nos confiarán con partes de sus vidas. Reconocerán el riesgo que estamos tomando en hacerles confianza poco a poco y también empezarán a depositar su confianza en nosotros. Con el tiempo, si esa confianza mutua es respetada y preservada, crecerá y se desarrollará en una conexión fuerte y fiable. Esta conexión nos da un confort enorme, apoyo y resistencia. De una forma esto se traduce en “veo quién eres. Este soy yo, y estoy aquí para ti.”

La soledad no es una enfermedad incurable, pero hay que hacer un esfuerzo activo para considerar por qué nos sentimos solos y cómo podemos tomar pasos para aliviar esa soledad. Esto requiere que nos sintamos más cómodos con nosotros mismos y con la idea de poner nuestra confianza en los demás. Pero aún así, el tiempo con otras personas nunca saciará cualquier sentimiento de soledad si no podemos disfrutar nuestra propia presencia y esencia.

2 comentarios

  • María del Carmen Rodriguez Bruno

    Excelente artículo, me encantó. Creo que describe de forma muy precisa el mecanismo por el cual las personas de aislan. También estos sentimientos primarios, como el miedo, el enojo o la otra y la soledad. Realmente lo disfruté mucho. Gracias! Me descargué la app de ustedes y gracias a ello, llegué a este blog.

    • Gracias por tus comentarios. Creemos que este es un tema importante para discutir, ya que muchas personas están luchando con estos sentimientos. Estamos muy contentos de que haya encontrado la aplicación beneficiosa!

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