La Ansiedad y la “Nueva Normalidad”

En estos días, hemos comenzado a escuchar los anhelados ecos de nuestra “antigua vida”. Sin embargo, ahora existe una gran diferencia: abrazar ya no es tan seguro como solía serlo.

Hemos pasado por un período al que nos costó trabajo acostumbrarnos. Un “enemigo” que no conocíamos ni esperábamos se infiltró en nuestras calles, hogares y mentes, y nos impidió seguir con nuestra vida cotidiana.  Luego, la “nueva normalidad” apareció ante nosotros de una manera nada convencional.

A pesar de los muchos aspectos tan desafiantes de este proceso, al  menos se notó y se reconoció la necesidad de todas las personas de sentirnos a salvo. Nos dieron una solución simple para satisfacer esta necesidad: quedarnos en casa.

El permanecer en casa fue una experiencia muy pacífica para algunos de nosotros y abrumadora para otros, pero nos permitió a muchos sentirnos seguros. Además, pudimos hacer esto sin ser juzgados o interrogados; incluso nos apoyaron y aplaudieron por ello.

De hecho, quedarse en casa parecía, en cierta forma, ser como un niño: no necesitábamos tomar decisiones importantes. Cuando se es niño, los adultos responsables de nosotros asumen el deber de asegurarse de que estemos sanos y bien, que nuestro estómago esté satisfecho, que estemos vivos, a salvo y seguros, estableciendo límites a medida que aprendemos acerca de la vida. Este es uno de los aspectos de la infancia que muchas personas añoran: un momento en que las responsabilidades, decisiones, medidas e incluso peligros ocurrieron y se resolvieron en el mundo adulto, externo a nosotros. Idealmente, las personas que nos cuidaron nos hicieron sentir a salvo mientras todo esto sucedía.

El período de permanencia en el hogar fue algo así como la infancia porque había límites trazados para estar a salvo y podríamos estar bien mientras permaneciéramos dentro de esas fronteras. Sin embargo, aunque la idea de quedarse en casa sigue siendo una opción, ya no todos la reconocen como una solución. Los aspectos positivos de quedarse en casa, como aprovechar la oportunidad para hacer una pausa, estar en unidad con los demás, poner énfasis en las preocupaciones y necesidades comunes y la calma de las calles, de repente se han puesto de cabeza. Quedarse en casa ya no se parece a nuestra infancia porque esos límites marcados para nosotros se han vuelto borrosos. Es como si nuestros padres, que habían establecido las reglas para protegernos, se rindieran ante sus amigos adultos cuya opinión difería de la de ellos y nos dijeran que fue “nuestra elección” si nos quedábamos en casa o no. Todos han comenzado a tomar sus decisiones por separado y sus vidas han comenzado a diferir entre sí.

Durante este período, ¿has pensado cómo te hizo sentir el cambio?

Si comparamos el quedarse en casa con la infancia, podemos ver este período de transición actual como la adolescencia. La adolescencia significa, para la mayoría de nosotros, un período lleno de ira y frustración, porque enfrentamos el hecho de que necesitamos crecer y diferenciarnos de los demás, pero aún no nos sentimos lo suficientemente competentes como para ser parte del mundo adulto. Aunque nos sentimos débiles e insuficientes debido a la confusión de no ser ni un niño ni un adulto, los demás esperan que actuemos como adultos. Igual que hoy, ya que todavía no nos sentimos competentes o listos para enfrentar un mundo con un virus peligroso allá afuera, nos vemos forzados a sostenernos en nuestros propios dos pies…

Ahora, depende totalmente de nosotros y esto puede ser bastante preocupante para algunos. La paz de estar en casa ha sido reemplazada por la culpa, la preocupación, las decisiones y los temores. ¿Cómo me acostumbraré a mi antigua vida con estos nuevos miedos? ¿Ya puedo salir? ¿Estoy siendo muy descuidado? ¿Me veo demasiado asustado? ¿Qué me estoy perdiendo? ¿Cuánto tiempo más puedo permanecer en paz en este estado anormal mientras todo el mundo está regresando a la “normalidad”?

Es completamente natural hacerse estas preguntas. Todo esto puede ser desafiante para ti. Puede que te sientas indeciso, atrapado y enojado. Incluso, puede que tengas sentimientos encontrados, sentimientos que no reconoces o que no puedes interpretar durante este período de transición. Puede ser también que este período te recuerde otros momentos de tu vida en los que experimentaste situaciones similares y podría hacerte recordar sentimientos que tuviste en ese entonces. Quizás también existieron situaciones, personas y responsabilidades que pudiste evitar mientras estabas en casa.

No importa por lo que estés pasando, trata de escucharte a ti mismo. ¿Cómo te hace sentir tu situación actual? ¿Qué sentimientos positivos acerca de este período están llegando a su fin? ¿Qué estás perdiendo con el cambio? ¿Cuáles son tus necesidades en este período? ¿Puedes expresarlas? Observa lo que puedes o no quieres hacer para satisfacerlas. Cuando parezca difícil de lograrlo, trata de darles voz.

Puedes intentar usar la habilidad que adquiriste al pasar de la infancia a la edad adulta. Tal vez puedas decir “no” y trazar tus propios límites, tal y como lo hiciste en ese entonces, para diferenciarte inconscientemente de tu familia. Hacerte preguntas sobre tus necesidades, deseos, preocupaciones, enojos, y definir tu estado actual, puede ayudarte a tomar decisiones, expresar tu estado y trazar límites. Una vez que trazas tus propios límites, puedes experimentar el placer de las ganancias de la edad adulta, así como el duelo por las pérdidas de tu infancia, como lo has estado haciendo durante años.

Entonces, ¿de qué manera será un período positivo para ti? ¿Qué cosas te entusiasman al acercarse el final de tu período de permanecer en casa? ¿Qué tipo de libertades te traerá este período de transición? ¿De personas, sentimientos o rutinas que extrañas? ¿A quién podrás volver a ver? ¿Qué es lo que vas a recuperar?

Cualquiera que sea tu respuesta a estas preguntas, habrá un ser renovado, florecido, más fuerte y único cuando todo esto termine. Lo que ha sucedido hasta ahora podría haberte llevado a un lugar mejor o quizás más desafiante. Sin embargo, has superado muchas dificultades en todos los sentidos y todavía estás vivo. Has evolucionado; quizás estés cansado, pero ahora eres más fuerte. ¿Cómo te hace sentir el pensar de esta manera?

¡Recuerda cómo manejaste inicialmente la incertidumbre y el miedo formados por este proceso y la preocupación por tu salud y seguridad! Te observaste de cerca, viste tus recursos internos; fuiste paciente, tal vez experimentaste aceptación o tal vez gratitud. Puedes hacer todo esto ahora también. No olvides que tu capacidad para aceptar el cambio se ha fortalecido, igual que un músculo. Ahora eres más fuerte, más capaz de adaptarte y más tolerante a la incertidumbre. Si estás teniendo dificultades, debes saber que aún puedes levantarte en tus dos pies durante este nuevo orden, escuchándote a ti mismo, cuidándote y mostrando empatía hacia ti mismo. ¡Tú puedes superar este proceso!

Escrito por Fidan Gözde Ertekin

Traducido por Patricia Jiménez

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