¿La meditación realmente significa hacer desaparecer los pensamientos?

¿Es posible poner la mente en pausa?

¿Alguna vez has tratado de detener la respiración o de no parpadear por más de 30 segundos? De hecho, este es un ejemplo más básico que todos conocemos: ¿qué se siente querer ir al baño pero no poder? Ahora considera esto: ¿qué significa detener los pensamientos?

Cada órgano en el cuerpo tiene una función específica. Nos mantienen con vida y aseguran nuestra existencia de alguna forma, así que tratar de detener la función de un órgano crucial es impedir la vida misma. Los pulmones están hechos para respirar, el estómago para digerir comida, el corazón para distribuir sangre vital y oxígeno al cuerpo y la mente para pensar…

No resistas, simplemente déjalo ir

Es importante tener esto en mente cuando consideramos practicar la meditación porque la meditación es un camino continuo en el cual aspiramos a hacer el menor esfuerzo posible. Imagínatelo de esta manera: en vez de conducir un carro y ver el paisaje pasar de largo, la meditación es como silenciosamente sentarse en un banco y mirar pasar las personas, los carros, los pájaros y las nubes. Al hacer esto, observamos lo que nos pasa por la mente y entendemos que parar la mente y calmarla son dos cosas diferentes.

Es posible detener los pensamientos pero hacerlo requeriría mucho esfuerzo. La mente genera entre 60,000 y 70,000 pensamientos por día. Parece un esfuerzo inútil de poner en pausa un órgano que trabaja tan duro. Tratar de parar nuestros pensamientos requiere resistencia, pero resistencia no es lo que buscamos, sino más bien es serenidad y esfuerzo mínimo. Tratar de hacer algo no siempre significa que podremos hacerlo. Esto es algo que todos hemos experimentado en nuestras vidas diarias, y lo mismo es verdad para nuestras mentes. No hay un botón de pausa que podemos presionar así que no deberíamos desperdiciar nuestro tiempo buscándolo.

La mente puede sentirse agotada después de todo ese trabajo duro. Podemos aprender a notar su cansancio a través de la conciencia plena. Cuando decimos “conciencia plena” queremos decir darnos cuenta que la mente es una parte del cuerpo así como los demás órganos. Es comprender que no somos nuestras mentes y que simplemente está haciendo su trabajo así como los otros órganos. Darnos cuenta de esto puede cambiar muchas cosas en nuestras vidas.

Comprender que la mente es una entidad individual no significa que es independiente de nosotros. Después de todo, la mente es uno de los elementos básicos que nos convierte en quienes somos, pero tendemos a pensar que somos solamente nuestras mentes. Esto no es verdad. Podemos empezar a darnos cuenta de esto al aprender a mirar la mente. Una vez que podamos hacerlo, podremos darle el cuidado y la atención que necesita. Por ejemplo, podremos notar cuando se siente agotada. Míralo de esta manera: no somos los dedos de las manos. Cuando los dedos se cansan de escribir, los dejamos descansar. Como no somos la mente tampoco, también la dejamos descansar.

La mente en reposo

Cuando meditamos, examinamos la mente. Miramos los carros pasar de largo con el mismo asombro que solíamos sentir cuando éramos niños. Miraremos sin parar carros de todas las formas y colores, y nos abstendremos de hacer comentarios a la vez que observamos. No criticamos los colores que vemos ni juzgamos las formas. Si fuéramos a hacer un comentario, nos levantaríamos para perseguir uno de los carros que nos pasó de lejos. Sin embargo, nuestro objetivo es simplemente sentarnos y observar porque eso es lo que la mente necesita para descansar: observar y fortalecerse.

Cuando meditamos, descansamos y fortalecemos la mente. Hay ruido incesante dentro de la mente. Considera cuán cansada debe estar: ¡70,000 pensamientos por día! A causa de esto nuestros músculos mentales deben descansar y reunir fuerzas. Podemos fortalecer el cuerpo con diferentes ejercicios cada día, ¿por qué no hacer lo mismo para la mente con la meditación?

Tratar de cortar la corriente de pensamientos es una batalla agotadora. Entre más intentemos, más agotados nos sentiremos y al final decidiremos que no podemos meditar y hasta nos daremos por vencidos. Pongámonos de acuerdo sobre algo: no es posible cortar la corriente de nuestros pensamientos. Lo único que podemos hacer es desacelerar y calmarla.

¿Cómo deberíamos canalizar nuestra energía?

Sabemos que la mente no se deshace de los pensamientos cuando meditamos, más bien tratamos de comprender el tipo de pensamientos que genera. Miramos las partes de la mente que no habíamos mirado antes. Encontramos cosas nuevas lo cual podemos hacer al observar sin juzgar y poner atención.

Tratar de detener los pensamientos requiere acción. Es equivalente a una batalla que requiere una gran cantidad de energía. No podemos hablar de serenidad y descanso cuando hay acción y energía.

Si perseguimos un pensamiento en particular, corremos el riesgo de perdernos porque nos habremos levantado y perseguido el pensamiento sin poner atención a dónde vamos. Todo esto requiere acción y energía que no queríamos utilizar en primer lugar.

Cuando nos enfocamos en observar nuestros pensamientos, lo único que necesitamos hacer es sentarnos y observar. Esto no requiere tanta acción. De esta forma podemos usar menos energía por un periodo de tiempo más largo. Podemos experimentar lo que significa “simplemente ser”, es decir, esencialmente lo que la meditación nos enseña.

Cambio real

Es posible momentáneamente poner la mente en pausa. Podemos frenar ciertos pensamientos especialmente durante momentos difíciles y estresantes, pero esto no es ni sostenible ni beneficioso para nosotros. Lo que hacemos con la meditación es explorarnos a nosotros mismos, descansar y fortalecer la mente. Si queremos permanecer en el momento durante la meditación y ser más conscientes, necesitamos aplicarlo al resto de nuestras vidas. Entonces, enfócate en nuevos descubrimientos y mira lo que yace en ellos…El cambio de verdad ocurre solamente cuando nos descubrimos, no cuando ponemos la mente en pausa.

Traducido por: Ruth Obando

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