Mejora tu relación con el estrés

Si  bien el estrés es una parte inevitable de nuestra vida, en estos tiempos en los que vivimos para muchos de nosotros se ha transformado en un estilo de vida. Con un ritmo intenso de trabajo, preocupaciones financieras, ansiedad e incertidumbre, largas listas de tareas pendientes, diversas expectativas, el estrés puede instalarse fácilmente en la vida de cualquiera.

Seamos claros, aunque todos tenemos cierto conocimiento concerniente al estrés, puede que nos resulte difícil aplicar en la práctica estrategias para gestionarlo. No siempre es fácil mantener la calma cuando estamos atrapados en el tráfico mientras intentamos llegar a una reunión importante, o cuando llegamos a un punto de ruptura en nuestra relación de pareja, o tenemos deudas por pagar.

La buena noticia es que depende de nosotros cambiar nuestra relación con el estrés. Es posible aceptar el estrés como una parte natural de nuestras vidas, podemos intentar entenderlo en lugar de “combatirlo”; podemos comprender la función del estrés en nuestra vida y seguir recorriendo el camino junto a nuestro verdadero ser.

Comprender el estrés

El estrés es la reacción natural de nuestro cuerpo a los estímulos físicos o psicológicos externos. La homeostasis, que es el estado de balance o equilibrio dentro de nuestro cuerpo, puede alterarse cuando nos enfrentamos al estrés. Nuestro cuerpo realiza cambios internos para adaptarse al entorno exterior y el sistema que gestiona estos cambios se conoce como sistema nervioso simpático. En los momentos de estrés, este sistema entra en juego y se activa el mecanismo comúnmente conocido como de “lucha o huida”. Como resultado, ocurren reacciones en cadena en nuestro cuerpo, tales como aumento de la frecuencia cardíaca, sudoración, dilatación de los bronquios, aumento de la presión arterial y contracciones musculares. Cuando el causante  físico o psicológico del estrés  desaparece, nuestro cuerpo activa otro sistema, el sistema nervioso parasimpático, a través del comando también conocido como de “descanso y digestión”, que se transmite de la mente al cuerpo para volver a la homeostasis.

Un hallazgo muy reciente sobre el estrés es el papel crucial que desempeña el llamado nervio vago en el sistema nervioso parasimpático. El nervio vago es nuestro nervio craneal más largo y envía estímulos parasimpáticos a nuestro corazón, pulmones, estómago, intestino delgado, hígado, páncreas y muchos otros órganos. A diferencia de las reacciones en cadena generadas por el sistema nervioso simpático durante los momentos de estrés, el nervio vago intenta regular nuestra respiración, frecuencia cardíaca, músculos, sistema digestivo, circulación e incluso nuestras cuerdas vocales para regresar nuevamente a la homeostasis.

Esto significa que nuestro cuerpo tiene un mecanismo avanzado que nos permite actuar en momentos de estrés y luego calmarnos. Sin embargo, este sistema no es exactamente el mismo para todos. Ninguno de nosotros experimenta el estrés de la misma manera y podemos reaccionar y responder de formas diferentes a varios factores estresantes. Por ejemplo, algunos podemos experimentar estrés ligado a nuestra respiración, mientras que otros pueden observar que se les manifiesta a través de la contracción de los músculos. Estas variaciones pueden ser moldeadas por nuestros genes y nuestras experiencias de vida.

¿Y tú, cómo experimentas el estrés? ¿En qué parte de tu cuerpo sientes el estrés con mayor intensidad? ¿Cuál es tu reacción ante el estrés? Responder estas preguntas puede ser un buen comienzo para conocer y comprender tu relación con el estrés.

Descubre el papel del estrés en tu vida

Trata de recordar en este momento uno de tus logros que signifique mucho para ti. Intenta visualizar en tu mente todos los detalles de esa experiencia, recuerda cómo te sentiste, intenta revivir esas sensaciones que se despertaron en tu cuerpo en ese momento. Ahora, recuerda el camino que tomaste para lograr esa meta. ¿Fue un camino fácil, agradable y corto? ¿O fue más desafiante y lleno de obstáculos? ¿Qué emociones te acompañaron en ese camino? ¿Qué sentimientos te motivaron? Piensa en cómo te ayudó el estrés en ese proceso, cómo contribuyó en lo que lograste.

¿Existe la posibilidad de que el hecho de sentir estrés signifique que en realidad estás mejorando, creciendo, intentando algo nuevo y explorando tus límites? Cuando nos estresamos durante una tarea difícil, sentimos instantáneamente que algo negativo está sucediendo. La tarea que estamos realizando puede parecer imposible, difícil, aburrida, abrumadora y agotadora. Esto puede afectar nuestra motivación y disminuirla y, a veces, hasta podemos darnos por vencidos. La incomodidad y el estrés debido a nuevas experiencias se debe al instinto del cuerpo de protegerse contra una posible amenaza. Por lo tanto, es natural sentirse estresado cuando te enfrentas a nuevos retos, nuevos hábitos o nuevas responsabilidades. Cuando estamos fuera de nuestra zona de confort experimentamos estrés. Esto sólo significa que estás probando algo nuevo y tratando de descubrir tu potencial y tus límites. Como dijo Adam Braun: “El verdadero autodescubrimiento comienza donde termina tu zona de confort”.

El estrés es una fuente importante de energía para liberar nuestro potencial. Estudios realizados han demostrado que el estrés a corto plazo mejora la memoria y el rendimiento mental. También se ha descubierto que el estrés aumenta nuestra resiliencia emocional, fortalece nuestros lazos sociales y desempeña un rol importante en la determinación de nuestras prioridades y nuestro propósito en la vida. Además, el estrés fortalece nuestro sistema inmunológico e incluso nos ayuda a combatir enfermedades.

El estrés contribuye de manera significativa tanto en nuestro desarrollo como en nuestro desempeño. Entonces, ¿de qué manera contribuyó positivamente el estrés en tu vida? Quizás encontraste una nueva perspectiva o lograste algo importante como resultado del estrés. Comenzar a responder la pregunta de cómo el estrés ha impactado positivamente en tu vida puede ayudarte a comprender mejor cómo se manifiesta en ti.

Maneja el estrés

Timber Hawkeye dice: “No puedes calmar la tormenta, así que deja de intentarlo. Lo que puedes hacer es calmarte. La tormenta pasará”. Cuando nuestro cuerpo y nuestra mente están en armonía, nos sentimos seguros y fluimos mejor con nuestro entorno. Por lo tanto, no importa cuán fuerte sea la tormenta cuando podemos experimentar la calma interior. ¿Cómo logramos esta armonía? Las siguientes sugerencias te pueden resultar útiles:

Meditación

La meditación es una gran herramienta que está disponible para ti donde y cuando la necesites. Además, es uno de los recursos más fáciles a los que se puede acceder en estos días en los que pasamos mucho tiempo en nuestros hogares. Puedes utilizar la meditación de tres formas diferentes para controlar tu estrés:

  1. Puede ser parte de tu rutina diaria para ayudarte a desarrollar tu resiliencia emocional y aliviar el estrés.
  2. Puede ayudarte a permanecer en el momento presente y a encontrar el equilibrio cuando experimentes una situación estresante.
  3. Puede ayudarte a revertir la respuesta al estrés en tu cuerpo y relajarte físicamente.

Si aprendes a calmar tu cuerpo y tu mente, puedes mitigar los efectos del estrés. Por lo tanto, te sentirás más fuerte y renovado. Se ha demostrado que quienes meditan regularmente se sienten menos estresados ​​cuando enfrentan dificultades en su vida diaria y reaccionan de manera más saludable ante situaciones estresantes. Además, estudios realizados demuestran que meditar regularmente reduce el estrés en tan sólo ocho semanas.

¡Sonríe!

sonria mujer

Primero, me gustaría contarles algo sobre mi proceso de redacción de este artículo, ya que experimenté diferentes emociones mientras escribía. Mi primera emoción fue una tremenda sensación de felicidad. La idea de ser miembro de la familia Meditopia realmente me emocionó e inmediatamente me puse a trabajar. No fue tan difícil elegir el tema ya que pensé que sería de interés para todos: todos experimentamos momentos de estrés y ello afecta directamente la calidad de nuestra vida. Hasta aquí todo iba bien.

Pasemos ahora a la parte de la redacción. Mientras trataba de desarrollar el tema, emplear el lenguaje correcto y encontrar la información más útil para este artículo que había comenzado con gran entusiasmo, el único sentimiento que estaba experimentando al escribir este artículo sobre el estrés era precisamente el estrés y, luego de pensarlo un poco, encontré divertida esta situación tan irónica y me reí de mí mismo.

¿Me creerías si te digo que después de que la sonrisa apareció en mi rostro, mi mente se relajó? Luego mis manos se soltaron, pues las había apretado sin siquiera darme cuenta, y entonces las palabras comenzaron a fluir naturalmente.

Pero, ¿por qué nos relajamos cuando sonreímos?

Cuando sonreímos, nuestra mente recibe el mensaje de que todo está bien. Esto provoca en nuestro cuerpo un aumento de las endorfinas y la serotonina, conocidas como las hormonas de la felicidad, mientras que reduce el cortisol y la adrenalina, conocidas como las hormonas del estrés. Como resultado de todos estos cambios naturales en las sustancias químicas del cerebro, nos sentimos mejor y más felices.

Quizás te preguntes, “¿cómo puedo reír cuando estoy estresado?” De hecho, no tenemos que sentirnos bien todo el tiempo para poder sonreír. A veces, podemos sonreír sólo para relajarnos y tener el control sobre estos músculos. La buena noticia es que nuestro cerebro no puede diferenciar entre una sonrisa real y una sonrisa fingida. Mientras sonríes, tu cuerpo envía a tu cerebro las señales de que te sientes feliz y relajado. Entonces, el cerebro asume que esa sensación es verdadera. Si quieres pruébalo tú mismo ahora: sonríe suave y naturalmente y espera unos minutos. Observa cómo te sientes.

Inventa muchas excusas para sonreír durante el día. Ya sea, leer un artículo divertido, ver una película entretenida o pasar tiempo con tu mascota, si tienes una, todo ayuda a lograr esto. Para mí, las publicaciones humorísticas en las redes sociales han sido las que me han ayudado a reducir el estrés y la ansiedad que he experimentado durante la pandemia.

Escucha a tu cuerpo

mujer abrazando

El cuerpo refleja nuestros pensamientos y sentimientos. En otras palabras, lo que sentimos en el cuerpo contiene información importante sobre nosotros mismos y nuestras necesidades.

Cuando estamos estresados, podemos contraer muchos de nuestros músculos sin siquiera darnos cuenta. De hecho, el cuerpo hace esto como un reflejo, anticipándose a lesiones y al dolor que puedan llegar a ocurrir cuando siente que corre peligro. Los momentos de estrés que experimentamos en nuestra rutina diaria afectan también a nuestros músculos, provocando que con el tiempo sintamos algún malestar o dolor físico.

A veces, sentimos que estos dolores son tan insignificantes que podemos seguir en movimiento como si nada. Sin embargo, escuchar los mensajes que nos da nuestro cuerpo es importante en términos de darle sentido a lo que estamos experimentando.

¿Qué te dice hoy tu cuerpo?

La forma más directa de comunicarnos con nuestro cuerpo es a través de la respiración. Puedes pensar en la respiración como un puente entre tú y tu cuerpo. Cada vez que respiras, te conectas un poco más con tu cuerpo, acercándote a ti mismo. Para esta experiencia, puedes probar el siguiente ejercicio de respiración:

Trata de concentrarte en cada parte de tu cuerpo mientras inhalas y exhalas profundamente. Pon la atención en tu cuerpo y en tu respiración mientras escaneas tus músculos faciales, cuello, hombros, brazos, manos, espalda, cintura, pecho, corazón, abdomen, caderas, piernas y pies. Escucha los mensajes que tu cuerpo te da.

Es posible fortalecer la relación con tu cuerpo al notar tus sensaciones físicas y observar los cambios que experimentas. La fuerza de esta relación te brindará equilibrio y resiliencia al momento de lidiar con emociones difíciles como el estrés.

Recuerda que todos somos únicos. Por lo tanto, la forma en que experimentamos el estrés, la manera en la que respondemos a él y lo que es bueno para nosotros, también puede variar en cada persona.

Entonces, ¿qué es bueno para ti? Comparte tu experiencia con nosotros.

Traductora: Patricia Jiménez

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