El Poder Transformador de Hacer una Pausa: Vivir apreciando cada momento

Vivimos en un mundo moderno que siempre está conectado y en movimiento, en donde se nos exige aspirar alto, producir más y pensar más rápido.  Sin cuestionarlo siquiera, muchos de nosotros simplemente seguimos el ejemplo, igualando la velocidad de los que nos rodean, sintiéndonos amordazados por las exigencias tan demandantes de esta sociedad y cumpliendo con todo lo que se requiere. El estar eternamente ocupado se ha convertido en lo nuevo “normal” y el completar cada tarea en nuestra lista de pendientes, una a la vez, se ha convertido en el indicador del éxito. Lo que no percibimos muy a menudo mientras estamos a bordo de esta vorágine de productividad, es justamente cuánta calidad de vida estamos sacrificando. No es hasta que nos bajamos del juego y tomamos un momento para poner los pies en la tierra, en el momento presente, que nos damos cuenta de que todo este tiempo sólo hemos estado rozando la superficie.  Quedamos tan atrapados en la abrumadora sensación de urgencia que perdemos de vista todo el panorama, carentes de una perspectiva más profunda, casi sin darnos cuenta de que estamos dentro de una línea de tiempo imaginaria que podría no ser beneficiosa para gozar de una vida plena.

La profesora de yoga, Jillian Pransky dice que nos hemos convertido en una sociedad de “zippers”, refiriéndose al concepto de moverse desenfrenadamente en muchas direcciones tratando de encontrar calma. Explica que, es como estar en una lancha de motor, navegando ruidosamente, sin parar, de un lado a otro, tratando de encontrar un lugar silencioso, tranquilo y sereno. Señala que nos encontramos solucionando problemas, atendiendo exigencias, preparándonos para lo que viene y optimizándonos, pero no nos damos cuenta de que solamente estamos creando más olas y más ruido a donde quiera que vamos. Esto se opone a todos nuestros ambiciosos condicionamientos, pero, Pransky  agrega que, la verdadera libertad llega cuando moderamos la marcha del motor, entonces la quietud llega de manera natural.

Debido a que firmemente he plantado la semilla de conciencia en mi mente de que hay más en la vida que sólo moverse a toda velocidad, siento la necesidad de reconocerla y honrarla cada vez que me siento muy lejos de mi centro. Lo hago de una manera muy sencilla que me permite aterrizar en el aquí y el ahora de mi propia experiencia:  Descanso en el poder transformador de hacer una pausa.  Con el paso de los años he descubierto cómo las pequeñas pausas, los momentos conscientes de bajar mi ritmo de vida, pueden brindar enormes recompensas.

El hacer una pausa ayuda a mi intención de vivir deliberadamente, a sentir y apreciar los regalos que vienen ocultos en cada día, a recordar que hay algo hermoso y profundo debajo del caos de querer lograr todas las cosas.  Asegura que la bondad y la belleza, inherentes a la vida, no sean destrozadas por el ritmo de la vida moderna. En todo momento me recuerdo que una simple pausa es una de mis mejores aliadas y que siempre tengo la opción de incluirla en mi experiencia de vida. Cada vez que lo hago, escucho la sabiduría del autor Viktor Frankl que explica como el elegir nuestro propio camino para hacer las cosas es la libertad humana más extrema y que las decisiones que tomamos tienen el poder de determinar si tomamos el control de nuestra vida o nos convertimos en un juguete de las circunstancias.

Yo prefiero ir en asiento del conductor y las pausas aseguran mi lugar.

Algunas veces, una pausa es detenerse brevemente sobre la marcha.  Pienso en ellas como en mis “pausas internas” para reevaluar,  reflexionar y quedarme quieta. Me permiten estar presente, conectarme con mi cuerpo, tener acceso a una mente más tranquila y orientarme dentro de mi entorno. Después de unos momentos de retiro, tomando un descanso en la acción, puedo seguir con mayor consciencia, siendo menos reactiva y más receptiva. El hacer una pausa, crea un espacio consciente en los momentos en que mi mente y  mi cuerpo lanzan la señal para apagarlos, relajarlos y reiniciarlos. Entonces apago mis dispositivos, busco un lugar tranquilo y respiro.

Los momentos en que cambias de actividades pueden ser muy propicios para incorporar estas pequeñas ventanas de alivio para ti:  al despertar y al acostarte, al salir o al regresar a casa, antes y después de tener importantes conversaciones familiares, antes de iniciar o responder un mensaje de texto o una llamada telefónica. Hacer esto, nos da el espacio necesario para procesar la energía que queremos poner en nuestra siguiente experiencia. Una de mis más importantes “pausas internas” diarias es después del ajetreo matutino. Después de que vestí a mi hijo, le di de desayunar y lo subí al autobús escolar, me siento en mi sillón favorito  y en ese momento me reagrupo y planeo mi día.

Otro muy buen momento es cuando nos encontramos en medio de una sobrecarga mental. A veces estamos tensos, por prisas o por  tratar de hacer muchas cosas al mismo tiempo, otras veces simplemente nos encontramos pensando demasiado. Es exactamente en estos momentos cuando consideramos que es imposible hacer una pausa pero es cuando más lo necesitamos.

Debido a que conozco mi tendencia a híper-enfocarme cuando escribo,  lo que me provoca mucho desgaste y agotamiento mental, configuro un temporizador con intervalos regulares durante mi jornada laboral.  He aprendido a amar el tomar mi tranquila taza de té en el pórtico, ese momento en el que me detengo a apreciar mi mundo y a honrar mis necesidades. Esto ha hecho maravillas en mi espíritu y en mi habilidad de pensar claramente una vez que regreso a la pantalla a seguir escribiendo.

El comenzar con estos pequeños momentos de pausa sentará las bases para recuperar tu tiempo y recobrar algo de lo que muy a menudo se pierde en el inevitable ajetreo de la vida. Con el tiempo, quizás te des cuenta de que  requieres pausas más prolongadas y te las otorgues con menos culpa. Tal vez tomarte un día entero, dejando a un lado las obligaciones e ir al campo y sorprender a los abuelos. Configurar tu teléfono en modo de No Molestar y construir castillos o jugar con tus hijos todo el día en lugar de hacer engorrosas tareas; o tal vez tomar un miércoles libre al azar e ir al parque con una manta y un buen libro.

Si te encuentras sintiéndote víctima de las circunstancias y los horarios, sintiéndote hambriento de un espacio para calmarte y tranquilizarte, recuerda que tienes una opción. Pregúntate ¿cuál es el paso a seguir? Este, es el momento perfecto para disfrutar de una pausa, una medicina simple pero muy poderosa.

Nos encantaría saber cómo la implementación de hacer una pausa repercute en la calidad de tu día, tu semana o tu mes. Por favor, comparte con nosotros tu experiencia cuando incorpores esta práctica a tu vida. 

Angela Boltz

barefootbecause.com

Traducido por Patricia Jiménez M.

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