Por qué saber sobre la integración sensorial puede beneficiar tu salud en general

Los seres humanos experimentan el mundo a través de sus sentidos los cuales son el portal que nos permite recibir información y entender nuestro ambiente. Para que el cerebro pueda organizar la información que recibe del cuerpo y del ambiente, e interpretarla adecuadamente, debe pasar por una de estas puertas sensoriales. Este proceso innato neurobiológico es conocido como integración sensorial.

Además de los 5 sentidos que conocemos–vista, olfato, gusto, tacto y audición–hay tres sentidos más que afectan nuestra habilidad para participar plenamente en nuestras vidas diarias. La psicóloga y terapeuta ocupacional, Anna Jean Ayres, fue una pionera en el campo del procesamiento sensorial hace casi 50 años e introdujo los términos propiocepción, vestibular e interocepción. Ella planteó que, mientras estos sentidos están diseñados para apoyarnos, la desregulación de todo nuestro sistema puede ocurrir si uno o más de estos sistemas sensoriales tiene una respuesta hiperactiva o insuficiente al estímulo. Con su investigación, desarrolló la terapia de integración sensorial la que incluyó ejercicios especiales que tenían la capacidad de fortalecer el sentido de equilibrio de un paciente (vestibular), el sentido del tacto (táctil), y el sentido de cómo el cuerpo se relaciona al espacio (propioceptivo).  

¿Cómo la integración sensorial afecta tu salud?

De acuerdo a Ayres, los elementos fundamentales de nuestro sistema sensorial son vestibular, propiocepción (y estrechamente relacionado con el sentido del tacto), e interocepción; cada uno proporcionando información única y específica al cerebro donde es integrada y organizada:

El sistema vestibular apoya nuestra capacidad para mantener la postura corporal, la orientación espacial y el equilibrio. La palabra “vestíbulo” significa entrada o antecámara. Es la antecámara de nuestro cerebro y está localizado en las orejas. Empieza a desarrollarse en el útero y es el único de nuestros sentidos que funciona totalmente a la hora de nacer. Es esencial para nuestra supervivencia porque detecta movimiento, inicia movimiento para mantener equilibrio, y nos permite adaptarnos a nuestros alrededores. El sistema vestibular es alimentado de diferentes maneras tales como saltar, dar vueltas y balancearse.

Propiocepción es el sentido relacionado con la conexión entre el cerebro y los músculos, el esqueleto y el tejido conectivo. Regula el automovimiento y la posición corporal y nos permite movernos libre y eficazmente sin pensar sobre ello conscientemente. Las actividades que requieren alguna forma de resistencia como tirar, empujar o poner presión usualmente usan este sentido. Al igual que nuestro sistema vestibular, la propiocepción necesita ser alimentada de varias maneras. Todo desde nuestra capacidad para bajar las escaleras sin mirar o quebrar un huevo con suficiente fuerza utilizan la propiocepción.

El sentido del tacto está estrechamente relacionado a la propiocepción. Somos seres táctiles y la manera en que interactuamos con el mundo a nuestro alrededor es a través del tacto. Este acto implica poner presión o fuerza necesaria. Las áreas del cuerpo más sensibles al tacto son las manos, los pies, la lengua y los labios. Todo es más intenso cuando lo sentimos con estas partes del cuerpo.

Y por último, la interocepción se refiere a nuestra conexión con las condiciones internas fisiológicas del cuerpo–lo que sentimos adentro. Algunos ejemplos de estos receptores son los intestinos, la vejiga, los órganos reproductivos y los riñones. Se relaciona a nuestras experiencias como el hambre, la sed, la necesidad de orinar, libido, la falta de aliento, comezón, temperatura corporal, felicidad y tristeza. Logramos tener equilibrio interior a través de la interocepción. 

Desregulación de los sentidos

Aunque el trabajo de Ayres se enfocó en comprender estos sentidos adicionales a través del lente del desarrollo infantil, la disfunción de la integración sensorial puede ocurrir durante toda nuestras vidas adultas. Cuando hay un problema con nuestra interocepción, el sistema vestibular, la propiocepción o el sentido del tacto, con frecuencia sentimos sus efectos en nuestras vidas. Por ejemplo, lo que llamamos “torpeza” es realmente un desequilibrio en nuestro sistema sensorial. Un desequilibrio en los intestinos con frecuencia disminuirá nuestro equilibrio interior. Actividades tales como lavar los platos, caminar y vestirse requieren el uso de ambos lados del cuerpo y dependen de nuestra propiocepción, el sistema vestibular, el sentido del tacto, la vista y la audición. 

¿Cómo podemos regular nuestros sentidos?

El tipo de estímulo que el cerebro recibe es crucial para la salud de nuestros sentidos. Así como hay una diferencia entre simplemente comer pasta cada día y consumir una dieta variada compuesta de proteína, granos y vegetales, nuestros sentidos también necesitan diferentes fuentes de estímulo para una salud óptima. Cuidar las necesidades de nuestro sistema sensorial permite que nuestro sistema nervioso funcione de manera óptima.

Una manera saludable de alimentar el sistema vestibular es imaginar tipos de movimiento que sustentan el cuerpo y practicarlos cuando necesites un empujón de energía. Si te gusta dar vueltas, da vueltas varias veces en la silla de tu oficina. Permite que ese sentimiento regule tus sentidos. También es importante evitar movimientos que no te gustan. Por ejemplo, si no te gusta saltar, esquiva a la persona que quiera tomarte de la mano y obligarte a saltar. Esto podría dañar tu sistema vestibular en vez de ayudarle.

La propiocepción se beneficia de escuchar señales de cómo el cuerpo quiere moverse. Si te gusta la danza del vientre, permítete explorarlo. Podría ser las necesidades kinestésicas del cuerpo que te alertan. Con el tiempo, estas necesidades cambiarán. Si pones atención, en 5 años tal vez empezarás a jugar tenis de mesa regularmente en vez de bailar.  

También tenemos necesidades sensoriales comunes

Aunque nuestras necesidades sensoriales sean diferentes, tenemos algo en común con el resto de la humanidad. Cuando nuestro sistema nervioso está estresado, algunos sentidos nos relajarán: un sentido profundo de placer, la propiocepción, las vibraciones y los movimientos vestibulares horizontales. Estos cuatros elementos pueden ayudar a restaurar un sentido de alivio y relajación. Imagina moviendo la mano rápida y automáticamente cuando un perro trata de morderte. Huir en ese momento es la propiocepción. Temblar después de los hechos, cuando estás fuera de peligro inmediato es la forma del cuerpo para calmarse usando vibración. Sostener el área donde los dientes rozaron la mano y comprimir la herida es presión. Balancearse de lado a lado en ese momento es un ejemplo de movimiento vestibular horizontal. Estos no son movimientos conscientes pero están relacionados a nuestros sentidos y trabajan en armonía para proporcionar tranquilidad. 

Escucha al cuerpo

Nuestro sistema sensorial es nuestra guía en el viaje de la vida. Nos proporciona pistas para saber lo que más necesitamos. Por ende, poner atención a estas señales es clave para mantener nuestra salud. ¿Qué tipo de movimientos se sienten bien para ti? Observa y elige sabiamente. Con el tiempo, notarás que la vida se pone más agradable de manera exponencial.

Traductora: Ruth Obando

Editora: Angela Bolz

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