El Agua de la vida

Traductora: Ruth Obando

Ten paciencia conmigo, la experiencia que estoy a punto de contarte pudiera parecer improbable para algunos, pero recientemente descubrí el mejor regalo que me pude haber dado. Fue único, transformador y lleno de humildad; la única forma en que puedo describirlo es como beber del agua de la vida. Esta experiencia me rejuveneció y me revitalizó de forma tan increíble que sentí alegría y gratitud inmensa después.

Esta experiencia surgió de mí una vez que completé el programa de Manejo para el Estrés. Cuando la última meditación llegó a su fin, fue como si una voz gentil me susurró en el oído y me pidió que me agradeciera a mi misma, y de hecho me vi diciendo, “Acabo de beber del agua de la vida.”

Tal vez fue mi lado poético que salió, pero la expresión “agua de la vida” me vino por sí sola. Me recordó al primer chorro de agua que les damos a las flores recién plantadas para ayudarles a acomodarse en la tierra, a echar sus raíces y conectarse con la tierra a su alrededor.

Encontré un pozo profundo en mí en la mañana. Me ha dado tanta flexibilidad que me sorprendí al verme acostada en la cama durante mi última meditación. Cuando empecé a meditar, me puse ciertas reglas: siempre estaría sentada con las piernas cruzadas. Aunque al final de la octava semana, comprendí que estar “relajada” podía significar diferentes cosas para diferentes personas. Una vez que llegué a la mitad del programa, empecé a meditar con la espalda contra la pared con los pies estirados enfrente de mí porque me dolía la rodilla. Por supuesto que hay una gran diferencia entre los dos: uno fue un compromiso que hice por necesidad y el otro fue un esfuerzo para ser bondadosa conmigo misma y escoger compasión en vez de la incomodidad que estaba sintiendo en la rodilla. En esta última práctica fui tan bondadosa y compasiva conmigo misma que pensé, “Hace frío hoy, puedo meditar bajo las sábanas cálidas.”

No poder respirar

Mi respiración me llevó hacia este pozo de agua de vida dentro de mi. Aunque ya estaba acostumbrada a meditar regularmente antes de empezar este programa de meditación de 8 semanas, nunca podía permanecer presente con mi respiración. En el pasado cuando alguien me guiaba para concentrarme en mi respiración, me empezaba a sentir claustrofóbica. Los latidos del corazón se intensificaban y en algunos casos, terminaba teniendo un ataque de pánico. Suena extraño que me ponía tan ansiosa por tan sólo concentrarme en la respiración, y sin embargo, siempre ocurría. En estos tiempos mi ancla era enfocarme en las palmas de las manos. Al enfocarme en esta área pequeña, me sentía presente y viva, como si pudiera sentir el pulso justamente en la palma de la mano. En retrospectiva ahora veo que esto fue debido a que en ese momento tomé el agua de la vida en mis manos.

Con el tiempo empecé a concentrarme en mi respiración sin sufrir del mismo pánico y ansiedad. Aunque si miré mejoras, cada vez que me concentraba en mi inhalación y exhalación todavía sentía un espacio que se me abría en el pecho acompañado de una sensación de hundimiento en el estómago; después, de repente el corazón me empezaba a palpitar más rápidamente y esa sensación de claustrofobia empezaba a invadirme. Empecé a perder la esperanza, como si no hubiera manera de vencer esto.

Apoyarme en mi respiración para conectarme con la vida

Lo que me pasó fue el resultado de poder intentar algo sin juzgarme, pero sólo fue posible después de trabajo y esfuerzo continuo. Pude descubrir que cuando dejé de depender solamente en las palmas de las manos, todavía podía conectarme con la vida a través de mi respiración.

Independientemente de cuán difíciles o emocionalmente desafiantes fueron estas prácticas, puedo decir con absoluta seguridad que esto ha sido uno de los mejores regalos que me he podido dar a mi misma. Reconectarme con mi existencia me hizo sentir como si finalmente tuviera raíces en un lugar, cómoda bajo mi propia piel y capaz de alimentarme con el agua de la vida. Y ahora si fuera a sentir de nuevo este pánico y ansiedad, siento que tengo las herramientas dentro de mí para conectarme de vuelta a esta sensación de tranquilidad y alivio. Claro que habrán momentos en los que evolucionaré, me transformaré y perderé mis hojas, momentos en los que me marchitaré y floreceré de nuevo; sin embargo, mi esencia no estará en riesgo en ningún punto.

La meditación me ayuda a sustentarme

Esto es uno de los componentes más valiosos que he encontrado en la meditación. La meditación nos enseña habilidades y técnicas para poder evocar todas estas emociones, sentimientos, pensamientos y revelaciones por nosotros mismos. De esta forma puedo usar lo que ya tengo dentro de mí para alimentarme con el agua de la vida. No necesito depender de los demás o de influencias externas para sustentarme; la meditación me permite sustentarme a mí misma.

¡Es increíble que haya logrado tanto en un periodo corto de tiempo! En estas 8 semanas que se me dieron, perseveré, me rehusé a jugar los juegos de la mente, me invité a reflexionar, y me traté a mi misma con bondad y compasión. Hubo mañanas en las que quería ponerme las sábanas por encima de la cabeza y simplemente poner al lado toda las fuentes de ansiedad, pero la mañana siguiente, continué donde me quedé. A través de esta perseverancia pude abrir nuevos canales en mi mente e internalizar recuerdos y patrones de pensamiento nuevos y positivos. Fue por mi misma, de mi propia voluntad, que pude alimentarme del agua de la vida.

Esto no significa que mi vida y el mundo son perfectos ahora. Simplemente significa que puedo observar e interactuar con los demás con más claridad. Claro que todavía tengo que usar anteojos, pero mi visión se ha mejorado. Entre más sigo con la práctica, mejor se pone mi visión.

Me siento tan humilde y orgullosa de haber tomado este curso de 8 semanas y de haber descubierto la rica fuente de vida dentro de mi misma. La gratitud que siento es como combustible que me llevará hacia adelante. Estoy segura que todavía habrán mañanas cuando quiera ponerme las sábanas por encima, tal vez porque me duele demasiado el cuerpo o el alma, pero algo es por seguro: es posible quedarse en la cama y también meditar.

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